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Padre desaparecido

Un líder bielorruso desaparece misteriosamente. Su hija le llora y conmemora en público. El último dictador de Europa se enfrenta a una revolución en vaqueros.

Queridos amigos, éste es mi padre, Anatoly Krasovsky, el otro es su amigo, Viktor Gonchar. El 16 de septiembre de 1999, sus vidas probablemente…” Empecé el discurso el día del 7º aniversario de la desaparición de mi padre con sus fotos justo detrás de mí. Diez mil personas me observaban. Se habían reunido para recordar a mi padre y a los otros tres “desaparecidos” de Bielorrusia en este Big Jeans Fest en un día soleado en Minsk, en la Plaza Bangalor. Vi la empatía en sus ojos, el apoyo, la solidaridad; me sentía excitada de alguna manera. Seis años antes, mi madre, yo y otros dos vinimos aquí, a la calle Fabrichnaya, para conmemorar el lugar en el que mi padre había sido visto por última vez el año anterior.

Durante cada conmemoración de los desaparecidos me preguntaba a mí misma: ¿cuánta gente vendrá? Temía encontrarme sola en la calle. El discurso del Big Jeans Fest era tan excitante; esa gente no olvidaba y acudía a pesar del mal funcionamiento del transporte público, como ocurre siempre que hay una manifestación o una protesta contra Lukashenko. Los estudiantes se saltaban las clases para estar presentes. Este día era, en cierta modo, feliz para mí, si es que se puede utilizar tal palabra en una situación de incertidumbre.

Recuerdo como si fuese ayer la noche en la que mi padre no vino a casa. Me desperté a las cuatro de la mañana y vi a mi madre sentada en la cocina. Todavía no se había acostado. Le pregunté qué pasaba y si papá estaba ya en casa. Negó con la cabeza y dijo que su móvil y el de Víctor estaban apagados. Me dijo que me fuese a la cama, que todo iba a salir bien. No ha sido así desde entonces. Por la mañana llamamos a la policía. No mostraron ninguna intención de ayudarnos. Yo me tenía que ir a la universidad. Mi madre llamó a unos amigos de mi padre y de Víctor y fueron al lugar donde habían quedado la noche anterior: unos baños públicos en la calle Fabrichnaya. Encontraron trozos de cristal del Jeep Grand Cherokee de mi padre y restos de sangre que más tarde fueron identificados como de Viktor Gonchar.

Es difícil explicar que sentí esos días. Sólo pasado mucho tiempo llegué a comprender qué pasó exactamente. Nunca imaginé que una persona podría desaparecer sin dejar ni rastro. No podía concebirlo. Mi madre, mi hermana y yo esperábamos el regreso de mi padre. Pensábamos que esa extraña situación se resolvería pronto. Pasados unos años, empecé a dudar sobre si mi padre volvería.

Decidimos pasar de hacer una conmemoración anual a una mensual en septiembre de 2005, el mismo mes que el líder juvenil Nikita Sasim ondeó sus pantalones vaqueros azules en el aire. Estos vaqueros se convirtieron en un símbolo de la revolución, que fue más allá de una mera conmemoración. Sasim se hizo tan popular entre la juventud que el gobierno se vio forzado a tomar medidas. Cinco días antes de las elecciones de marzo de 2006, Sasim fue arrestado y retenido durante tres meses sin celebrarse un juicio. La primera vista judicial estaba planeada para celebrarse en torno al día 4 de mayo.

Si el mitin del 16 de septiembre de 2006 no fue prohibido por la policía fue por la gran polémica que se había levantado después de las protestas de marzo de 2006. Éstas venían después de las elecciones manipuladas, y el día 25 de ese mismo mes mil personas fueron arrestadas durante las manifestaciones del Den Voli, o Día de la Independencia. Nadie se atrevió a prohibir la conmemoración. Había carteles por toda la ciudad, banners en Internet, pegatinas en las farolas, y demás. Con permiso o sin él, el acto iba a tener lugar porque las autoridades tenían miedo a empeorar más la imagen de Lukashenko. Hoy en día, todo el mundo en Bielorrusia ha oído hablar de nuestras marchas el 16 de cada mes en Minsk. También hemos organizado eventos en otros países: en Polonia y en Estados Unidos, también mensualmente, y otros actos en Lituania, Estonia, Rusia, Ucrania, República Checa, Francia, Suecia, Bélgica, Holanda, entre otros.

Este Big Jeans Fest también fue excepcional porque la policía no arrestó a nadie, al contrario de lo que solían hacer. Un mes antes, yo estaba visitando Minsk el día 16, el de la solidaridad. Llegué al lugar donde se celebraba un acto frente a la embajada de Rusia. Había unas pocas personas ahí, entre ellas, una amiga mía. Me dijo que me lo acababa de perder. Unos minutos antes habían llegado cuatro autobuses con policías y se habían llevado a la gente. No pudo terminar la historia, pues llegaron otros cuatro autobuses con hombres camuflados, dispuestos a arrestarnos a los demás, que estábamos manifestándonos de forma pacífi ca. Todo el mundo intentó escapar, incluida yo.  Pero unos segundos después me di cuenta de que no sería posible zafarme de ellos. Esos hombres eran mucho más fuertes y rápidos que yo. Decidí quedarme quieta. Como no se lo esperaban, empezaron a correr detrás de los otros en vez de venir a por mí. Había escapado, por lo menos en esta ocasión. Durante toda la tarde estuve recibiendo llamadas de amigos preocupados que habían oído que yo estaba entre los arrestados.

Esto me hizo recordar un largo artículo dedicado a la desaparición de mi padre. Se publicó hace cinco años en un periódico muy conocido, el “Komsomolskaya pravda”. Había una gran foto de mi madre y mía im- presa encima del artículo. Después de esto, empezaron a acercárseme extraños por la calle que me dedicaban palabras de aliento, pesar y empatía. Reconocían mi cara y necesitaban expresar su solidaridad. Pero también tuve otro tipo de experiencias por el artículo. Una vez, entré en el supermercado Centralny comiéndome una manzana que había comprado en otro sitio. Inmediatamente, se me acercó un guardia de seguridad, que decía que la había robado. Sin prestar atención a mi explicación de que la mía era completamente diferente a las que vendían allí, llamó a la policía. Juntos, él y los guardias se pasaron seis horas amenazándome y haciendo ‘bromas’ sucias, como: “Ahora vas a ver lo que le va a ocurrir a tu cara bonita”, o “tenemos toda la noche para jugar contigo”. Me habían reconocido por el artículo y utilizaban cualquier medio para demostrar quién tenía al poder ahí. Sabía que no se atreverían a hacerme nada, excepto decirme cosas. Lo que de verdad me apenaba era que nunca serían castigados por privarme de todas esas horas. Pero volvamos al Big Jeans Fest.

Después de que yo y otros líderes de la oposición, incluyendo a Alexander Milinkevich, habláramos durante el mitin, tuvo lugar un macro concierto de rock. Allí coincidí con mucha gente a la que hacía siglos que no veía, entre ellos, a Denis, un compañero mío de clase. Había sido arrestado y condenado a quince días de prisión por participar en la acampadamanifestación organizada tras las elecciones de marzo de 2006. Siempre había sido una persona tan tranquila y callada que pocos le conocían de verdad. De repente, veo su nombre en los medios. Le habían arrestado en la plaza, como a muchos otros. En señal de protesta, se puso en huelga de hambre durante todo el tiempo que pasó en prisión. Me dejó estupefacta: ¡este introvertido compañero era uno de los nuestros!

En el festival me contó historias de su encarcelamiento. Unos días después de su liberación incluso recibió la cuenta de su estancia en la cárcel. Me dijo entre risas que había pedido un descuento porque, al estar en huelga de hambre, no había comido nada, pero se lo negaron. Al final la tuvo que pagar para no meterse en problemas. Algunas organizaciones pro derechos humanos reembolsaron los gastos a algunos de los mil arrestados, pero desgraciadamente él no fue uno de ellos. Los cuarenta dólares que pagó es una cantidad considerable aquí en Bielorrusia. Denis perdió quince kilos durante su huelga de hambre, por lo que tuvo que ir al médico cuando salió. Como no le parecía seguro contarle al doctor el motivo, le dijo que se había puesto a dieta, pero que había decidido abandonarla. En el Big Jeans Fest camisas vaqueras ondeaban en el aire a modo de banderas por la libertad. Una hora antes del final del festival, la electricidad se fue. La versión oficial fue que había sido un accidente, pero yo tengo claro que lo que pretendían era molestarnos. La gente siguió cantando en la oscuridad, con velas y con el resplandor de los fuegos artificiales. Al final, los músicos, entre los que se encontraban Neiro Dubel y Tovarish Mauzer se subieron al escenario y cantaron a través de megáfonos. Una canción que conmemoraba a mi padre terminaba con las palabras “Hay gente camuflada en la ciudad, ¡pero pronto Bielorrusia será libre!”. Yo no podría haberlo dicho mejor.

Autor: Valeriya Krasovskaya
Fotos: Charter97.org

 

1990-2007

1990
El 27 de junio, Bielorrusia declara su soberanía nacional.

1991
La Unión Soviética se convierte en la Unión de Estados Independientes.
Lukashenko es el único del Supremo Soviético que vota en contra de ello.

1993
Lukashenko es elegido presidente de del comité anti corrupción del parlamento.

1994
Lukashenko gana las primeras elecciones y es nombrado presidente el 20 de julio.

1996
Setenta de los 199 miembros del parlamento bielorruso firman una petición para acusar a Lukashenko de violar la Constitución. Lukashenko organiza un referendum para una nueva Constitución. EEUU y la UE se niegan a aceptar su legitimidad.

1999
Durante la guerra de Kosovo, Lukashenko propone formar una Unión Eslava compuesta por Rusia, Bielorrusia, Ucrania y Yugoslavia. El plan no sale adelante.
El 7 de mayo, el activista de la oposición y ex Ministro del Interior Yury Zakharenko desaparece.
El 16 de septiembre, Victor Gonchar, líder de la oposición, y su asociado, Anatoly Krasov, desaparecen.

2000
El 7 de julio, el periodista televisivo Dmitry Zavadsky, que trabajó para la TV pública rusa entre 1994 y 1997, y el fotógrafo personal de Lukashenko, desaparecen.

2001
Lukashenko es reelegido el 9 de septiembre. Europa Occidental critica las elecciones; Rusia las da por válidas.

2003
Los oficiales iraquíes que no fueron bienvenidos en EEUU después de la primera guerra de Irak son otorgados pasaportes bielorrusos para que puedan viajar.

2004
Lukashenko celebra un referendum en el que se aprueba un número ilimitado de reelecciones. Occidente se opone; la Unión de Estados Independientes dice que no han tenido lugar violaciones significativas.

2006
El 19 de marzo, Lukashenko gana las elecciones. La OSCE (Organización para la Seguridad y la  Cooperación en Europa) no acepta los resultados, pero la UEI habla de su transparencia y validez. Durante los días posteriores, 10. 000 manifestantes protestan por el recuento de votos. Los jóvenes acampan en la Plaza de Octubre. Las demostraciones son sofocadas por las autoridades.
25 de marzo, Dan Voli, día de la liberación. Miles de manifestantes protestan donde los líderes Milinkevich y Kozulin dan discursos. Más de 1.000 manifestantes son arrestados.
13 de julio: el líder de la oposición, Alexander Kozulin, es condenado a 5,5 años de prisión.
16 de septiembre: 10.000 personas se reúnen en la Plaza de Octubre para recordar a los desaparecidos.

2007
Rusia pone fin a su entrega de energía a Bielorrusia por un precio inferior al del mercado.
25 de marzo, Dan Voli, se esperan grandes manifestaciones.

 

┬┐Que fue de Viktor Gonchar y Anatoly Krasovsky?

De acuerdo con la anterior Constitución, las elecciones presidenciales deberían haberse celebrado en 1999. El antiguo parlamento había estado planeando llevarlas a cabo, ignorando los dictados de la nueva Carta Magna. Elecciones presidenciales a los cinco años en vez de a los siete amenazarían la permanencia del presidente Lukashenko, pero también convertirían la nueva Constitución en ilegal. Viktor Gonchar, diputado presidente del anterior parlamento, y su amigo, el famosos periodista Anatoly Krasovsky, que financiaba una parte del movimimiento de la oposición, fueron puestos bajo vigilancia y sus teléfonos pinchados. Estas precauciones terminaron oficialmente el 16 de septiembre de 1999... Horas antes de que Viktor Gonchar y Anatoly Krasovsky desaparecieran.

Las agencias de aplicación de la Ley pusieron en mar- cha investigaciones. Si embargo, todas las pruebas han sido recolectadas por voluntarios. Éstas incluyen trozos del parabrisas del coche del Sr. Krasovsky encontradas en la calle Fabrichnaya de Minsk. También se descubrieron restos de sangre, identificadas como pertenecientes al Sr. Gonchar por un examen científico investigador independiente.

A partir del año 2000, las Naciones Unidas han aprobado diversas resoluciones que ordenaban a Bielorrusia la investigación de las desapariciones. La última de ellas fue el 2de noviembre de 2006. Hasta el momento, nada se ha hecho al respecto.

"Lukashenko nunca ha cumplido una promesa"

Jeanine Hennis-Plasschaert es miembro del Parlamento Europeo por la Alianza de los Demócratas Liberales de Europa (ALDE). Está preocupada por la postura de la UE hacia Bielorrusia. Indigo estuvo preguntándole acerca de la situación y sobre cómo, según ella, debería actuarse.

“Hasta hace poco, la postura con respecto a Bielorrusia estaba bastante cara. El dictador Alexander Lukashenko rige el país con mano dura y tiene suficiente poder como para mantener la frágil situación bajo control. Consiguió suprimir las protestas que iban a tener lugar en mayo de 2006 después de que él hubiese manipulado claramente los resultados de las elecciones. Mantiene una posición firme aún dentro de su grupo político y consigue borrar del plano a los líderes de la oposición. Los periódicos no estatales no pueden ser distribuidos, los partidos políticos son reprimidos y los activistas contrarios a él son encarcelados”.

El caballo equivocado

“Las cosas han cambiado gracias al conflicto del petróleo y el gas entre Putin y Lukashenko. Moscú está cada vez menos dispuesto a proteger a Bielorrusia frente a, por ejemplo, el extremadamente bajo precio del gas. Los roles, hasta entonces fijados, cambiaron, y todos los jugadores están eligiendo nuevas posiciones. Lukashenko ahora piensa que Putin le muestra muy poco respeto y ya no se deja la piel en conseguir una alianza entre Rusia y Bielorrusia. Lukashenko, de una forma un tanto peculiar, está incluso “coqueteando” con la Unión Europea. En una entrevista, incluso llegó a comentar: ‘Aprendo rápido. Monté el caballo equivocado’. Estos acontecimientos recientes, despertaron la esperanza entre algunos líderes europeos de que Lukashenko podría volverse ahora más razonable. En mi opinión, sin embargo, es una idea peligrosa. Lukashenko nunca ha cumplido una promesa y nunca lo hará. La única motivación para sus actos es afianzar su propia posición”.

Aumentar la presión

„Por ello, es extremadamente importante no dejarse engañar por sus supuestas ‘buenas intenciones’. Debe quedar claro que los activistas, las organizaciones de la oposición, los periodistas y demás, siguen en prisión o silenciados. La libertad de expresión no existe en Bielorrusia. Siguiendo la lógica de Lukashenko, occidente debería reconocerle como socio sin poner condiciones como la libertad o la democracia. Y si el oeste se deja embaucar, estaremos ayudando a Lukashenko a mantenerse en el poder. Como primer paso, la Unión Europea debería hacer más presión para que el dictador pusiese en libertad a los prisioneros políticos, siguiendo las guías del Consejo de Europa. Por ahora, Bielorrusia niega tener prisionero político alguno, ante lo que el Consejo de Europa ha propuesto una investigación. Los resultados de ella deberán ser vinculantes para el país. Sin embargo, el Consejo Europeo sigue esperando una respuesta. Estaría bien que la UE pudiese ser mucho más fuerte y luchase hombro con hombro para acabar con el malévolo régimen de Lukashenko. Pero en estos momentos la UE tiene dificultades para conseguir la unanimidad. Los intereses nacionales están minando una posible actuación coherente y decisiva contra el dictador Lukashenko”

Entrevista: Joeri Oudshoorn


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