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Vive lento, muere viejo

Europa ha encontrado su fuente de juventud: Silanus, en Cerdeña, es uno de los cuatro pueblos del mundo con la población más longeva. ¿Su secreto? Algo así como Ovejas, Suerte & Aceite de Oliva.

El secreto de la longevidad nunca ha estado tan a mano. Durante siglos los hombres lo han buscado inútilmente en los rincones más remotos de globo. Hoy en día basta con tomar un avión hacia Cerdeña. En el centro de la isla mediterránea se encuentra Silanus, con una población de poco más de 2.300 personas, pero de las más longevas del mundo. La gente lleva escrita en la frente la historia de su existencia, como Michele Mura: arrugas que cuentan una vida de trabajo y esfuerzo, pero que se suavizan, para demostrar que no se ha enfadado con la vida, sino más bien lo contrario.

Tiu Micheli, como lo llaman en el pueblo, lleva pantalones demasiado grandes para su delgada figura, calza botas de goma, bajo las cuales se extiende un manto verde cegador. Sobre su cabeza, el cielo, y alrededor sólo muchas ovejas. Cada día, con 83 años cumplidos, lleva a los animales al pasto y cultiva sus viñas. “El aire del campo es mi salud” afirma, asegurando sentirse jubilado, porque trabaja menos que cuando era joven gracias a la ayuda de su hijo. Tonino Tola ha trabajado también desde su más tierna infancia. Es un chaval comparado con sus vecinos.

No obstante, tiene 77 años, y camina varios kilómetros al día junto a su burra para controlar sus ovejas y sus vacas, con las que en ocasiones pasa la noche por temor a los frecuentes robos en la zona. “Hace falta ponerle so aspecto de caballero antiguo. “También en el trabajo. Muchos que han trabajado menos que yo están mucho más cansados.” Y cita con dejadez su dieta cotidiana: carne, queso, vino tinto (que hace él mismo) y verduras de cosecha propia, como muchos otros del pueblo, que han vuelto a encargarse del huerto desde que el euro ha entrado en nuestros monederos. Una dieta a base de pescado y pan integral que aquí parece el elixir de la longevidad. La memoria también vuela como un tren: Tonino puede pasarse horas reconstruyendo árboles genealógicos de familia y vecinos, o contando historias sobre su tío, piloto durante la Segunda Guerra Mundial. ¿Cigarrillos? Pocos, por falta de dinero. ¿Medicinas? Aún menos, y sólo si son necesarias, como cuando llega la gripe. Los medicamentos más fuertes que se han visto aquí son los antibióticos.

Así es Silanus, un pueblo como muchos otros en Cerdeña: mucho verde, poca gente por la calle y un aire que merece la pena respirar. Pero ha saltado a la escena internacional gracias a los científicos del Instituto Nacional de la Vejez de Estados Unidos, que la han señalado- junto a la isla de Okinawa en Japón, a la ciudad de Loma Linda de California y a algunas partes de Costa Rica- como uno de los poseedores de la receta para una vida larga y una buena vejez. Sin embargo, no han sabido dar una explicación al alto número de centenarios, hasta el punto de que, según las estadísticas comunitarias, Silanus debería ser cinco veces más grande para tener la seguridad de contar con un centenario. Cuando en el resto del planeta hay un hombre centenario por cada cuatro mujeres, aquí son dos hombres centenarios por cada mujer que lo es.

Vidas tranquilas, sin estrés y comida que viene de tu tierra y que te obliga a moverte todos los días para cultivarla (¡algo más que correr y gimnasio!): ésta podría ser la fórmula mágica para llegar al siglo en forma. Pero la verdad es que la buena salud y la vida activa de estos abuelos es también, y sobretodo, una cuestión de genes. Genes forjados en el aislamiento y que podrían estar en el origen de la longevidad de los sardos. Sobre esto en concreto trabajan los investigadores de la Universidad de Sassari, que llevan a cabo desde hace diez años el proyecto científico AKeA (de a kent’annos, a cien años, que viene de la frase tradicional sarda) en busca de una clave que pueda desvelar el misterio. “Seguramente el factor genético cuenta- confiesa la asesora cultural Gigliola Congiu, delante de un plato de delicioso queso de oveja- pero no olvidemos que éstas son personas que, especialmente durante la guerra, han comido poco. Y hoy en día llevan todavía vidas sobrias pero, sobre todo, tienen a su alrededor a todos sus seres queridos, que les hacen sentirse todavía importantes”.

El ambiente social sereno es como una campana de cristal que protege a los ancianos de Silanus de la soledad que tanto acompaña a los pensionistas de las grandes ciudades. Aquí, una residencia de ancianos no tendría lugar. Francesco Nieddu, fundador de la “Pro Poco” y ex alcalde habla de “selección natural”. “Los octogenarios y nonagenarios de hoy día son personas que sobrevivieron a la malaria que infestaba esta zona, cuenta. Por ello son persona más resistentes físicamente”.

Sin embargo, comenta que no tiene por qué ser así con sus hijos. Tanto, que hoy son los padres los que ayudan a sus vástagos. Como Stefano Cossu, que lleva 93 años y tiene cara de niño. Cuando acaba de trabajar en el redil con Andrea, queda con su otro hijo, Angelo, cantante, y juntos se exhiben con el canto a tenor, una tradición sarda típica, declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Incluso, por lo que cuentan, están preparando un álbum juntos.

Los incrédulos visitantes observan atentos mientras él, sonriendo dulcemente, entona un canto con voz cerrada y profunda apoyado en la mesa de su cocina. La longevidad, cabe pensar, es sobretodo una cuestión de cabeza. Otro ejemplo es el de Andreana Pendezzu, de 95 años. Sentada frente a la chimenea, embutida en su traje negro, en un principio no parece contenta de hablar de sí misma. En cambio, le hace falta un instante- como a todo sardo que se precie- para abrirse al visitante, demostrando tener una energía envidiable, incluso para un treintañero, y una fuerza impresionante. A su alrededor, entretenidos, están sus hijos y nietos, que compiten por mimarla, alargándole la vida día a día. “Es cierto que los genes son en gran medida responsables de la duración de la existencia– explica el doctor Hennig, presidente de la fundación alemana contra el envejecimiento-. Pero si no te tienes en pie a los 70 o si estás en plena forma, depende en un alto porcentaje de tu estilo de vida.

En el fondo, envejecer es como ahorrar para la pensión: cuanto antes se viva de forma saludable, menos esfuerzo se hará con el paso del tiempo”. Un consejo fácil de poner en práctica en una pequeña realidad como la de Silanus. El auténtico desafío para nuestra generación será llevarlo a cabo viviendo en grandes ciudades, entre humo y ritmos endiablados. La pregunta que nos hacemos es: ¿conseguiremos ganar? La respuesta, dentro de medio siglo, como mucho.



Autor/Fotos: Silvia Cravotta
Traducción: Pablo Alvar


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