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Saludos desde... Chernobyl

Ignorado durante años por la industria turística, este lugar está recibiendo a numerosos turistas aventureros.

Turismo en zona catastrófica veintiún años después. Viajo en un pequeño autobús blanco, junto a tres norteamericanos y cuatro ucranianos, a la zona de seguridad de treinta kilómetros cuadrados protegida por el ejército alrededor de la central nuclear de Chernobyl. Nuestro guía trabaja para el Departamento de Desastres. Es un hombre serio, de constitución fuerte, bigote, zapatillas de deporte y pantalones militares. Huele fuertemente a sudor y no tolera preguntas.
Solamente las podemos plantear una vez dentro de su despacho, sombrío y destartalado, y de escuchar un monólogo de una hora sobre el peor desastre nuclear de la historia, que tuvo lugar el 26 de Abril de 1986.

Junto a nuestro guía visitamos la abandonada ciudad Pripyat, construida en la década de los setenta alrededor de la central nuclear siguiendo el modelo de ciudad soviética. La gigante noria de feria todavía está en pie; detrás del cajero se encuentra un peluche abandonado en el suelo. Entramos en un edificio donde todos los apartamentos están completamente vacíos como consecuencia de los saqueos. Incluso los azulejos de la cocina han sido arrancados de la ared. Las instalaciones, fuertemente contaminadas por la radiactividad, fueron vendidos en los mercados ucranianos a finales de los años ochenta. Probablemente, todavía en la actualidad miles de personas cocinen en fogones altamente contaminados, y otras tantas estén sentadas en sofás en las mismas condiciones.

Lo que me llama la atención de la zona es la imponente presencia de la naturaleza. Donde en algún momento hubo huertos ucranianos de patatas y coles, se encuentran ahora estepas y bosque joven. El silencio es aterrador, ni siquiera los pájaros se dejan oír. La mayoría de las viviendas han sido abandonadas y vaciadas. Justo a la entrada de otra finca desertada, un árbol ha conseguido abrirse paso en el asfalto. La alarma de mi medidor de radioactividad empieza a sonar cuando lo acerco al musgo que crece sobre la carretera, ya que esta capa vegetal es especialmente efi caz en re- tener altos niveles de radiactividad.

Unos días después del desastre fueron evacuadas más de 200.000 personas que vivían en los alrededores de Chernobyl. Se les comunicó que estarían fuera de casa apenas tres días. Dieciocho años más tarde, sólo un puñado ha regresado. En la actualidad viven unas 2.000 personas en pueblos fantasma de la zona protegida por el ejército. Volvieron por la nostalgia a los campos y a sus granjas. Es en su mayoría gente mayor que acepta la contaminación con tal de poder estar en casa.

Tras pasar por Pripyat vamos a la central. Veo el reactor cuatro donde los restos radiactivos aún se consumen debajo del llamado “sarcófago”, una cripta de cemento y acero que se construyó de manera precipitada después del accidente, que ahora se desmorona y amenaza con derrumbarse. El medidor radiactivo empieza a dispararse como nunca en esta zona, y el guía solamente nos permite estar cinco minutos en el área. Más tarde, en el despacho del Departamento de Desastres nos sirven de comida platos calientes: una sopa de pollo, puré de patatas y puding. Los norteamericanos de la expedición, por miedo a que la comida esté contaminada, no prueban bocado y se limitan a remover la comida. Sin embargo,mi apetito es más grande que mi preocupación.

He estado en Chernobyl. En el último puesto de control debemos pasar por una especie de máquina de acero para medir el nivel de radiactividad. Todo parece en orden. Un guardia pasa un medidor especial por la ruedas del vehículo. Tras esto seguimos camino de vuelta a Kiev, y apenas a un kilómetro del puesto de control, veo a una anciana agachada sobre un campo de patatas. Poco después, en la cuneta veo mujeres sentadas en taburetes bajo un árbol. Venden fresas y frambuesas. ¿Cuál es la diferencia entre aquí y los treinta kilómetros altamente controlados? Nadie tiene la respuesta.

Información de viaje:
- En Kiev hay muchas empresas que organizan viajes guiados a la central nuclear de Chernobyl. El precio del viaje depende del número de personas que lo contraten. Un viaje para una persona cuesta alrededor de unos 300 dólares, mientras que para un grupo de seis personas el precio ronda los 100 euros.
- Las reservas deben hacerse con una semana de antelación debido a los trámites burocráticos necesarios para viajar.
- La zona protegida se encuentra a unas dos horas de Kiev en coche.


Autor: Florence Tonk
Foto: Martijn de Vries
Traducción: Ramón Feenstra


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