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Guerra Frķa de estilo

Los prejuicios abundan en este combate entre una sexbomb del Este y una cañera del Oeste. Taconazos vs. zapatillas. Acércate al ‚ring‘ y juzga.

Por lo menos vengo en sobreaviso. El poco melodioso sonido de tus taconazos es un avance de los que está todavía por llegar y que mis ojos no podrán soportar. Sé que uno debería olvidarse de los prejuicios y estereotipos. Lo políticamente correcto puede estar bien para algunos, pero déjame que te haga una breve introducción sobre los antagonismos estilísticos entre Europa Occidental y Oriental. Hay un insoportable clic, clic, clic por las calles de Europa. Vosotras, mis queridas europeas del Este, lleváis demasiado tiempo campando a vuestras anchas por el asfalto Occidental.

¿Qué es esa cosa puntiaguda que se alza hacia el cielo que llevas en los pies? Un lanzador de jabalina me da menos miedo. Tus patas de palo en esa caricatura de zapatos son la prueba de que el pollo asado no se sirve en un plato. El minimalismo puede estar chulo en términos artísticos, pero ese cinturón que llevas alrededor del culo no puede pasar por falda. ¿Y cuál es el sentido de un ‘bolso’ en el que sólo cabe el pintalabios? Perdona, se me olvidaba que ponía Prada en la parte de delante. Te gusta ser generosa en cuanto a marcas, ¿no? Claro, te hace sentirte mejor contigo misma en tu banal mundo.

Lo que te ahorras en otras prendas de tu indumentaria, te lo concentras todo en los tops. Leopardo, tigre, serpiente y demás fauna te hacen parecer una clase andante de zoología avanzada. Todo eso es como si la biodiversidad de la industria textil estuviera copulando con el satén rosa y el lazo negro.

Si hubiese premio a la exageración ordinaria, ganarías en todas las categorías. Me rindo, el galardón por la ropa es todo tuyo… y del record a escotazo ni hablemos. Y ni siquiera he empezado con esa pintura multicolor con la que te embadurnas cada mañana. La última vez que me maquillé tanto tenía cinco años y estaba disfrazada de indio, con plumas y todo, algo que ni siquiera compite con esas joyas tuyas de tantos quilates. Levanta la vista al cielo. Nublado, ¿no? Pues, ¿qué narices haces con las gafas de sol todo el día? Y, además, ¿no crees que tu última visita semanal a la peluquería terminó con un tono de rubio de más?

Tu pelo deslumbra tanto que tengo que cerrar los ojos… Así que aprovecho este momento para tener un segundo de reflexión: ¿De verdad crees que el valor de una mujer se calcula multiplicando los centímetros de sus tacones por talla de sujetador?

Cariño, prueba a ponerte alguno de nuestros ingenuos pero estilosos zapatos y échate un vistazo en el espejo, aunque sé que lo de mirarte es uno de tus pasatiempos favoritos. El estilo no requiere superlativos, sino simplemente todo en su justa medida. No tengo nada en contra de los accesorios, pero sólo siempre y cuando me encuentre a gusto llevándolos encima. Fuera el estampado de leopardo, quiero mi propia piel… ¡Pero no que cada centímetro de ella sea de dominio público! Soy sexy incluso sin una falda-cinturón. Las mujeres no he- mos luchado tanto por la independencia para que ahora lo echemos todo a perder con tanta sombra de ojos. Y, por mucho que suene a topicazo, la belleza se esconde en el interior.


Autoras: Julia Fuhr y Marzena Lesinska
Foto:  Ralph Pache


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